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EN RESUMEN
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En Guadalupe, la producción de frutas se ha reducido a la mitad en diez años, debido principalmente a enfermedades que afectan a las culturas. Agricultores como Larric Bonine están recurriendo a alternativas como agrios y elpiña, pero la situación sigue siendo crítica. La caída de la producción local, ante una dependencia creciente a las importaciones, destaca un pérdida de autonomía dietética. Además, problemas de tierra y el envejecimiento de los agricultores complican las perspectivas futuras de la fruticultura en la isla.
Guadalupe, magnífico archipiélago caribeño, es conocida desde hace mucho tiempo por la riqueza y variedad de sus productos agrícolas. Sin embargo, en los últimos años hemos observado una desaceleración preocupante de la producción frutícola en nuestras tierras. EL enfermedades que afecta a determinadas culturas y una creciente dependencia de importaciones poner en peligro nuestra autonomía alimentaria. A medida que la población local recurre a los mercados extranjeros para satisfacer sus necesidades, agricultores como Larric Bonine están tratando de revitalizar la producción local mediante métodos innovadores. Este artículo explora los desafíos y problemas que rodean escasez de frutas cultivadas en Guadalupe.
Una situación alarmante
En sólo diez años, la producción de fruta en Guadalupe ha caído un 50%. Esta disminución está relacionada en gran medida con enfermedades como el marchitamiento, que inevitablemente afectan la calidad y el rendimiento de nuestros cultivos. Como indica un estudio del Ministerio de Agricultura, la mayoría de frutas que encontramos en nuestros puestos proceden actualmente de el extranjero. De hecho, tres de cada cuatro frutas que comemos no se cultivan en nuestra isla, lo que genera preocupaciones reales sobre nuestra autonomía alimentaria.
Enfermedades y su impacto.
Las enfermedades agrícolas están adquiriendo proporciones fenomenales y tienen consecuencias directas en la producción frutícola. Tomemos el ejemplo de piña, cuya producción aumentó de 5.000 toneladas en 2010 a unas 2.400 toneladas en la actualidad. El marchitamiento es una enfermedad que seca las plantas y afecta a diversos tipos de cultivos en nuestro territorio. Asimismo, el cal sufrió enormes pérdidas debido a la aparición del parásito dragón amarillo, lo que redujo significativamente los rendimientos, de 5.850 toneladas en 2011 a solo 1.542 toneladas en 2020.
Las consecuencias económicas
La relación entre oferta y demanda se ha visto profundamente afectada. Debido a la falta de fruta local en el mercado, los precios de la fruta importada suelen seguir siendo más competitivos. Esto plantea un verdadero problema para nuestros agricultores, que ven su productos luchan por encontrar un comprador, mientras que una fruta cultivada en el extranjero puede venderse a menor precio. En esta lógica, Tony Lanclume, director de Safer de Guadeloupe, subraya la urgencia de actuar para invertir esta tendencia de creciente dependencia de las importaciones.
Un mercado dominado por las importaciones
La tendencia hacia la importación de fruta ha llegado a un punto crítico. Los consumidores, que buscan productos asequibles, muchas veces están dispuestos a comprar fruta del extranjero, lo que desestabiliza aún más nuestra producción local. Por ejemplo, el cal El guadalupeño se vende a 5,60 euros el kilo mientras que el importado puede alcanzar los 4,99 euros. Esta situación plantea la cuestión de viabilidad económica agricultura en la isla.
Desafíos para los agricultores
La lucha de los agricultores por mantener su actividad es real. Muchos de ellos enfrentan diversos obstáculos: falta de agua, dificultades para acceder a mercados estables y retrasos en los pagos. Estos problemas prácticos hacen que muchos agricultores y productores locales se sientan desanimados y abandonen la producción. La edad media de los agricultores también influye en el futuro de la producción en Guadalupe. Muchos de ellos tienen más de 70 años y muy pocos jóvenes se están incorporando al campo agrícola.
Soluciones a considerar
Para mantener la producción local, es fundamental implementar estrategias claras. Es necesario considerar un agricultura planificada y diversificada, que permite a los jóvenes iniciarse en la fruticultura. Una mejor gestión de la tierra, más apoyo a los agricultores y la creación de redes de distribución podrían revitalizar el mercado local. un verdadero política agrícola Tener en cuenta las especificidades de Guadalupe podría contribuir a fortalecer nuestra autonomía alimentaria.
El papel de la comunidad y las iniciativas locales
Las autoridades gubernamentales también deben tomar conciencia de la urgencia de la situación. La financiación de iniciativas locales podría resultar beneficiosa; deberían destacarse los programas educativos para los jóvenes sobre las prácticas agrícolas y la importancia del consumo local. El colectivo LKP, por ejemplo, aboga por soluciones alternativas para estabilizar el sector frutícola.
Consumo local a promover
la promoción de frutas locales debe convertirse en una prioridad. Comprar productos locales puede ayudar a los agricultores a mantener sus granjas y al mismo tiempo reducir nuestra dependencia de las importaciones. Al facilitar el acceso a los mercados de los productos guadalupeños, no sólo podemos apoyar a nuestros agricultores, sino también fomentar el consumo de productos frescos, aumentando al mismo tiempo la salud de la población.
Conclusión parcial
A pesar de grandes desafíos como reducción de áreas cultivadas y enfermedades devastadoras, las historias de productores como Larric Bonine muestran que todavía hay esperanza. Diversificando los cultivos y optando por modelos de producción innovadores, es posible revitalizar la agricultura local en Guadalupe. El camino hacia la autonomía alimentaria está plagado de obstáculos, pero un futuro brillante sigue estando a nuestro alcance si tenemos compromiso y reunimos nuestras fuerzas.
Testimonios sobre la escasez de frutas cultivadas en Guadalupe
Los agricultores de Guadalupe están cada vez más preocupados por escasez de frutas local. Tony, un agricultor del corazón de Basse-Terre, expresa su frustración: “En 2010 todavía producimos 5.000 toneladas de piña. Hoy es casi la mitad. Duele ver cómo nuestra producción colapsa hasta este punto. » También menciona enfermedades que corroen los cultivos, como la marchitez que afecta a la piña, lo que hace que la situación sea aún más delicada.
Por su parte, Larric, un joven y dinámico agricultor, optó por recurrir a cultivo de frutas variado. Tras abandonar el cultivo de la caña de azúcar, comenzó a producir cítricos y piñas. Él testifica: “Cultivo cultivos asociados. ¡Esto hace que mi producción sea rentable! Pero con la caída generalizada de la producción, me pregunto si seguirá siendo viable dentro de unos años. »
Las cuestiones de la adicción a la comida también son cruciales. Una joven consumidora, Amélie, está preocupada por la situación: “Cuando voy al mercado me doy cuenta de que la mayoría de la fruta viene del extranjero. Es frustrante porque prefiero los productos locales. ¡Necesitamos apoyar a nuestros agricultores! »
Frédéric, un agricultor de 50 años, habla de una descenso alarmante del número de productores en la isla. Lo dice seriamente: “Si no hacemos nada, en una década sólo quedarán ex agricultores. Los jóvenes no ejercen esta profesión por inseguridad. » Esta observación entristece a los apasionados de la agricultura y de la cultura guadalupeña.
Por último, Alain, activista por la autonomía alimentaria, subraya la importancia de planificación agrícola para el futuro. “¡Debemos actuar rápidamente! Si identificamos tierras agrícolas disponibles y se las damos a los jóvenes, podríamos reactivar la producción local. » El mensaje es claro: la supervivencia de la agricultura guadalupeña está en juego.
